
Adolecentes descubren huesos prehistóricos jugando
Río Tercero. Jugando en la costa del río Ctalamochita, cerca del balneario municipal de esta ciudad, un grupo de chicos se asombró al ver asomar desde la tierra unos huesos demasiado grandes. Su primer diagnóstico es que podían ser de dinosaurios.
Le erraron por varias decenas de millones de años, pero no estaban del todo equivocados: efectivamente se trataba de un ejemplar de la megafauna ya extinguida, aunque mucho más cercana en el tiempo.
Los pibes, tras comentarlo con sus familias, avisaron al museo municipal. Y al otro día, la primera excavación dejó ver un enorme caparazón, correspondiente a un Panochtus, una de las especies de las familias de los gliptodontes, que habitaron esta parte del continente hasta hace unos 10 mil años. Era una especie de armadillo, pero gigante.
El último sábado, los mismos pibes, movidos por la curiosidad, recorrieron esa costa y otro hueso llamativo apareció ante sus ojos. Estaba a sólo 70 metros del gliptodonte, en un sector poco frecuentado por personas.
Corrieron a avisarle a Ochoa, quien determinó, tras las primeras indagaciones, que se trata de Scelidotherium, otra especie de la megafauna ya inexistente, similar a los actuales perezosos terrestres, pero de mucho mayor tamaño. Sus restos no estaban tan completos como los de su vecino gliptodonte, pero suman valor porque es una especie algo menos frecuente de ser hallada.
Parte del cráneo, la mandíbula, el hueso radio y todos los de una mano, junto a fragmentos de costillas, pudieron ser rescatados. Ochoa precisó que, en vida, medía entre tres y cuatro metros de largo y pesaba varias toneladas. “Pertenece a la fauna del período pleistoceno, etapa que comenzó hace unos 2,6 millones de años y finaliza aproximadamente hace 10.000 años”, indicó el especialista.
Según interpretó, los dos ejemplares hallados estaban en el mismo nivel de piso, por lo que estimó que habrían sido contemporáneos, de hace unos 10 mil años atrás. De todos modos, una vez retirados, los restos serían analizados por paleontólogos de la Universidad Nacional de Córdoba para corroborar su antigüedad y otras características.
Erosión
Ambos fósiles aparecieron sobre la línea de costa, pegados al cauce del río actual (el histórico era mucho mayor), en una zona de suelo tipo tosca. Los huesos quedaron a la vista por la erosión de ese sector, que llegó a ese nivel tras las fuertes crecidas registradas meses atrás en el Ctalamochita.
En el caso del gliptodonte, que en vida solía medir unos tres metros de largo por uno y medio de alto, se encontró su coraza casi completa más la enorme cola de hueso que ostentaba, entre otros restos. Para su extracción, por su tamaño y para preservar su buen estado, se lo acondicionó envuelto con telas con yeso y será levantado y transportado con una grúa, en los próximos días.
El destino final de los restos de uno y otro será el Museo Municipal Florentino Ameghino, que en su sección de paleontología regional tiene ya otros fósiles, de estas y otras especies, halladas en la zona en las últimas décadas.
Fuente: www.lavoz.com.ar




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