
Dos robos en 24 horas en un comercio rafaelino: “No sé qué voy a hacer”
Radio ADN 97.9 FM - RafaelaEl fin de semana que debía transcurrir con normalidad terminó convirtiéndose en una pesadilla para Diego, propietario de Punto Confort, el comercio ubicado sobre avenida Santa Fe al 2000. En menos de 24 horas, el local fue atacado dos veces.
En diálogo con Maxi Luján, en el programa radial “Todo Sigue Igual”, el comerciante relató cómo descubrió el primer robo y describió la situación de angustia e impotencia que atraviesa después del segundo ingreso.
Todo comenzó durante la madrugada del domingo. Diego había terminado de trabajar el sábado al mediodía y, a primera hora de la mañana, comenzó a recibir alertas de seguridad en su teléfono.
“Empiezo a ver una serie de alertas de seguridad en mi celular sobre el teléfono del local”, contó. La sucesión de avisos lo llevó a trasladarse rápidamente hasta el comercio.
Al llegar, se encontró con un escenario devastador. “Un desastre, todo revuelto, la falta obviamente de la computadora, el celular, arrancaron un televisor de 40 pulgadas de la pared con soporte y todo”, relató.
Los delincuentes habían ingresado por una pequeña ventana tipo balancín, de aproximadamente 20 centímetros, y posteriormente escaparon por los techos. Además de los elementos electrónicos, habían preparado mercadería y herramientas para llevárselas.
Un crédito de un millón de pesos que los delincuentes llegaron a sacar
Uno de los detalles más llamativos del primer robo fue el acceso a las cuentas digitales del comercio. Diego explicó que los delincuentes llegaron a obtener un crédito por aproximadamente un millón de pesos.
“Lo sacaron al crédito, lo otorgaron. Lo que no pudieron ellos es sacar la plata de Mercado Libre porque obviamente con la clave facial ellos pueden hacer transferencias y no pudieron”, explicó.
El dinero, según indicó, permanecía en la cuenta y ya había realizado la denuncia correspondiente para intentar revertir la operación.
El comerciante también destacó la actuación de los efectivos que acudieron al lugar tras el primer hecho.
“La atención de la policía en ningún momento me dejaron fuera. Vinieron una serie de patrulleros, vino la gente de la Guardia Urbana, estuvieron siempre al lado, siempre acompañando y en ningún momento me han dejado solo”, reconoció.
Pero el episodio estaba lejos de terminar.
La segunda entrada: esta vez rompieron una puerta
Después del primer robo, Diego tomó medidas para impedir que volvieran a ingresar. Bloqueó la ventana por la que habían entrado y dejó elementos asegurando el lugar.
Sin embargo, durante la madrugada siguiente recibió un llamado que volvió a ponerlo en alerta.
“A las dos de la mañana me toca un timbre en mi casa, pero como un timbre de desesperación, por lo que me asusté. Me levanté asustado, dije: ‘Bueno, me van a robar acá en mi casa’. Y no, era la Guardia Urbana avisándome que me habían entrado de vuelta”, contó.
Esta vez, los delincuentes habían encontrado otra vía de acceso.
“Me reventaron la puerta que daba a la parte interna”, explicó Diego.
El segundo robo terminó con la detención de al menos una persona. Según el relato del comerciante, los agentes lo encontraron con una bolsa que contenía artículos del negocio.
“No saben si era uno o eran dos, pero a uno lo agarraron porque lo agarraron con una bolsa y artículos acá dentro del local”, señaló.
“No quedó más nada”
La segunda vez, los delincuentes se llevaron principalmente mercadería.
“Se llevaron por lo menos dos bolsones grandes, todo lo que es blanquería, sábanas, acolchados. En ese sentido se llevaron de todo porque no quedó más nada”, describió.
Diego había retirado del comercio otros elementos después del primer robo, por lo que esta vez el golpe estuvo concentrado fundamentalmente en la mercadería.
El resultado volvió a ser el mismo: el local completamente revuelto y una nueva puerta que deberá reparar.
“Ahora tengo que bloquear todas las ventanas”
Más allá de lo perdido, el comerciante enfrenta ahora otro problema: cómo hacer para que no vuelvan a entrar.
“Ahora tengo que bloquear todas las ventanas. No sé si las voy a levantar con ladrillos, qué miércoles es, pero las voy a tratar de usar lo que más pueda. Bloquear la puerta que me rompieron, bloquearla y anularla”, manifestó.
La falta de cámaras en puntos estratégicos del comercio también incrementó la sensación de impotencia.
“No tenés ningún tipo de... para ver lo que entró, que entró, que te revolvió todo y te da más impotencia todavía”, expresó.
Y resumió su decisión: “Voy a tratar de cerrar todo lo que más se puede, asegurar todo lo que más se pueda a nivel, digamos, que no puedan entrar, pero no sabés, ya se las diseñan todas”.
“No estamos en un barrio alejado del centro”
Durante la entrevista, también surgió la preocupación por una seguidilla de hechos similares registrados en comercios de la zona.
Diego remarcó que el problema no ocurre en un sector alejado: el comercio está ubicado en plena zona céntrica y, según explicó, a pocas cuadras de dependencias policiales.
“No estamos en un barrio alejado del centro, estamos en el centro”, enfatizó.
Además, durante la conversación se mencionó el caso de otro comercio de la zona que también habría sufrido dos ingresos durante el fin de semana.
“No me voy a dormir de noche”
La preocupación ya no pasa solamente por las pérdidas económicas. Después de dos robos consecutivos, Diego reconoce que teme volver a quedar expuesto.
Ante la pregunta sobre cómo haría para pasar la noche después del segundo episodio, respondió con crudeza:
“Tampoco me voy a dormir de noche. No sé qué voy a hacer”.
Incluso, entre la bronca y la ironía, surgió la posibilidad de quedarse en el propio comercio para custodiarlo.
“Un colchón y un bate”, fue la respuesta que apareció durante la charla.
Más allá de la broma, detrás de esa frase quedó expuesta la situación de inseguridad y temor que atraviesa el comerciante.
“¿Tengo que salir y pedir crédito para cerrar esta ventana?”
El impacto económico del robo se suma ahora al costo de reparar y reforzar el local.
Diego explicó que deberá invertir dinero para bloquear ventanas, reparar accesos y reforzar la seguridad, en un contexto económico que ya resulta complicado para cualquier comercio.
“Hoy por hoy todos vivimos con el mango del día a día”, sostuvo.
Y planteó una pregunta que sintetiza la dimensión del problema:
“¿Tengo que salir y pedir crédito para cerrar esta ventana? ¿Sacar un crédito para esta puerta? Entonces, es todo más deuda de lo que uno tiene normalmente”.
A pesar de todo, Diego descartó abandonar su actividad.
Cuando le preguntaron si había pensado en “tirar todo a la mierda”, fue contundente:
“No, no, no, no. Porque no es la solución. No es la solución”.
Sin embargo, la seguidilla de robos dejó una certeza: además de reponer la mercadería y reparar los daños, ahora deberá transformar por completo la seguridad de su comercio.
Dos robos, menos de 24 horas de diferencia y un comerciante que, además de calcular las pérdidas, empieza a preguntarse cómo volver a dormir tranquilo.




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