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Le robaron otra vez en su negocio, es empleado municipal y no se calla: “Rafaela es un caos”

César Oviedo volvió a ser víctima de un hecho delictivo durante la madrugada. Es la quinta vez en el año que su emprendimiento, ubicado en Gabriel Maggi y Boulevard Lehmann, es atacado. Escuchá el audio.
Policiales14/09/2026Radio ADN 97.9 FM - RafaelaRadio ADN 97.9 FM - Rafaela

A las 3:15 de la madrugada, César Oviedo recibió una alerta en su teléfono. El sistema de monitoreo que había instalado apenas una semana atrás había detectado un movimiento en su foodtruck, el Fuctrac, ubicado en inmediaciones de Gabriel Maggi y Boulevard Lehmann.

Oviedo vive a pocas cuadras del lugar y llegó rápidamente. Al arribar encontró una ventana violentada. Los delincuentes no alcanzaron a llevarse elementos del negocio, pero volvieron a dejar daños y, sobre todo, una sensación de impotencia que el comerciante ya no logra ocultar.

Es la quinta vez en el año”, relató durante una entrevista con el programa radial Todo Sigue Igual.

El episodio se produjo pocos días después de otro hecho sufrido en el mismo emprendimiento. Cansado de los ataques, Oviedo había decidido reforzar la seguridad e instalar un nuevo sistema de monitoreo.

La alarma funcionó. El problema, según plantea el comerciante, es todo lo que ocurre después.

“No se puede seguir así”: César ya piensa en cerrar

El nuevo ataque no solamente implica reparar una ventana. Para Oviedo representa otro gasto en un contexto económico que ya considera extremadamente difícil.

Pero esta vez la discusión pasó a ser otra: si vale la pena continuar.

Consultado sobre si seguirá abriendo el foodtruck, fue contundente: “No sé”. Explicó que llegó a trabajar sin dormir y que deberá analizar la situación junto a su familia.

Si tuviera la situación económica de poder decir cierro, ya lo habría cerrado”, sostuvo.

El comerciante aseguró que mantiene el emprendimiento porque necesita pelear el día a día, pero reconoció que la acumulación de hechos delictivos, gastos y dificultades económicas lo lleva a cuestionarse hasta cuándo podrá sostenerlo.

Un reclamo que no viene de afuera de la Municipalidad

La particularidad del testimonio de Oviedo es que su reclamo por la inseguridad no proviene solamente de alguien que sufrió un robo.

El comerciante también es empleado municipal y conoce desde adentro parte del funcionamiento de los dispositivos de prevención. Incluso fue director de la Guardia Urbana.

Por eso, durante la entrevista, aclaró que su planteo no tiene una motivación política.

Nuestra ciudad es un caos. La seguridad está muy, muy, muy complicada”, afirmó, y también cuestionó la situación del tránsito y la cantidad de accidentes que, según su percepción, se registran diariamente.

Pero su principal crítica apunta a la falta de presencia y empatía frente a quienes sufren hechos delictivos.

“Hoy no le importa nada a nadie. No alumbran, no se bajan, no hablan”, expresó.

“Hay cero empatía con la ciudadanía”

Oviedo recordó que, durante su paso por la Guardia Urbana, procuraba acercarse personalmente a los vecinos que atravesaban situaciones complejas.

“Sentía que el Estado estaba con la persona que le estaba pasando algo”, explicó.

Según su relato, después de los últimos episodios recibió mensajes de funcionarios o personas vinculadas a los organismos correspondientes, pero cuestionó que nadie se haya acercado personalmente.

Su reclamo, insistió, no apunta únicamente a una fuerza determinada.

Ni la Guardia Urbana, ni la Policía, ni todas las fuerzas que van dando vueltas se ocupan como se deberían ocupar”, sostuvo.

Al mismo tiempo, reconoció que la Guardia Urbana no tiene funciones policiales y remarcó que su rol debe ser preventivo, de aviso y acompañamiento dentro de sus competencias.

Denunció, aportó imágenes y sabe quién es

Después de uno de los episodios anteriores, Oviedo realizó la denuncia y aportó imágenes de cámaras de seguridad.

Según contó en la entrevista, cree tener identificado a quien habría participado de ese hecho y cuestionó que, pese a la información que él mismo aportó, esa persona continúe en libertad.

Sus afirmaciones corresponden a su propio relato y no implican una identificación judicial ni una atribución de responsabilidad comprobada.

Para el comerciante, justamente allí aparece una de las mayores frustraciones: sentir que terminó realizando tareas que, a su entender, deberían llevar adelante los organismos encargados de investigar.

“Yo sé quién me robó el otro día”, afirmó.

“Los vecinos vemos cosas que los que tienen que ver no ven”

Oviedo también describió un escenario nocturno que, según asegura, genera preocupación entre los vecinos de la zona.

Habló de personas que circulan durante la madrugada y vinculó ese movimiento, desde su percepción, con el consumo de drogas. Sus declaraciones forman parte de su experiencia y percepción personal sobre lo que observa en el sector.

Si salís de civil a la noche vas a hacer un trabajo excelente en seguridad porque te chocás con la cantidad de delitos que hay”, expresó.

La frase resume buena parte de su enojo: la sensación de que los vecinos observan situaciones que, según él, deberían ser detectadas por quienes tienen responsabilidades específicas en materia de prevención y seguridad.

“Estoy al límite”

La conversación radial terminó exponiendo una situación que va más allá de una ventana rota.

Oviedo reconoció estar cansado, sin dormir y con una enorme carga emocional. Incluso deslizó que teme llegar a una situación extrema.

Uno está al límite, está tan jugado que ya no sabemos más qué hacer”, manifestó.

Y agregó una frase que grafica el estado de ánimo con el que enfrenta la situación: “No tenemos herramientas y nadie te tiene la empatía para poder solucionarlo”.

El comerciante admitió que hasta tuvo que pensar qué hacer con el emprendimiento y cuánto más podrá resistir.

“Amo mi ciudad, pero no tengo más ganas”

En el tramo más personal de la entrevista, César Oviedo dejó de hablar solamente del Fuctrac y habló de Rafaela.

Dijo que ama la ciudad y que no quiere abandonar el lugar donde vive, pero confesó que la situación actual le genera un profundo desgaste.

Yo amo mi ciudad. Yo soy rafaellino”, afirmó.

Recordó una infancia en la que, según su experiencia, los chicos podían jugar en la calle, andar en bicicleta y dejar objetos en la vereda para volver a buscarlos al día siguiente.

Hoy, aseguró, la realidad es otra.

Vivimos mal. Muy mal. Encerrados”, sostuvo.

Y fue todavía más contundente al cerrar su testimonio: “Está muy feo. Mi vida y la de la ciudad. Te juro que no tengo más ganas”.

El foodtruck, símbolo de un problema que excede a un comerciante

El caso de César Oviedo expone una problemática que trasciende el daño material provocado en un emprendimiento gastronómico.

Hay una ventana rota, gastos que vuelven a aparecer, horas de sueño perdidas y un comerciante que debe decidir si continúa trabajando. Pero también aparece una discusión más amplia sobre seguridad, prevención, presencia estatal y el acompañamiento a las víctimas.

Oviedo decidió contar lo que le ocurre aun siendo empleado municipal. Y dejó en claro que su intención, según explicó, no es atacar personalmente a nadie.

Quiere que algo cambie.

Porque, mientras evalúa si vuelve a levantar la persiana del Fuctrac, también se pregunta qué ciudad les quedará a sus hijos y a sus nietos.

Por ahora, el dato más concreto es que una nueva madrugada volvió a encontrarlo corriendo hacia su negocio después de que una alarma le avisara que alguien había entrado. Y esta vez, además del daño en una ventana, quedó instalada una pregunta mucho más difícil: ¿hasta cuándo podrá seguir?

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