
La reflexión de un tambero de la zona: "nos corren el arco y los números no cierran"
Radio ADN 97.9 FM - Rafaela"Parece que el precio es bueno, pero la verdad es que no cierran los números". La frase resume el presente de muchos establecimientos lecheros de la región y fue pronunciada por Mauricio Abratte durante una entrevista en el programa radial "El Campo No Para", que conduce Maximiliano Luján por Radio ADN.
Junto a su padre, Mauricio lleva adelante una empresa familiar ubicada en la zona de Galisteo, donde combinan dos actividades tradicionales de la región: un tambo con unas 250 vacas en ordeñe y un sistema de producción de novillos para exportación. Todo ello sobre unas 400 hectáreas, prácticamente en su totalidad alquiladas.
La conversación dejó mucho más que números productivos. Fue el relato sincero de un productor que vive el campo desde siempre y que, pese a las dificultades, sigue apostando por una actividad que considera parte de su identidad.
"Yo nací debajo de las vacas", resumió con una sonrisa, antes de describir una realidad que, según él, se repite desde hace décadas.
Una empresa familiar que resiste
El tambo funciona desde hace muchos años y tomó su forma actual en 1996, cuando la familia reorganizó la empresa. Hoy el establecimiento produce toda la reserva forrajera necesaria para la alimentación del rodeo y destina el resto de la superficie a la recría y terminación de novillos sobre alfalfa, con suplementación en la etapa final.
No realizan agricultura comercial. El maíz se produce exclusivamente para alimentar a los animales.
Pero el principal desafío no está en la producción, sino en los costos.
"El mayor gasto hoy es la alimentación. Se están manejando cargas altas y eso obliga a suplementar mucho más, elevando los costos", explicó.
A pesar de percibir alrededor de 500 pesos por litro de leche, asegura que producir sobre campos alquilados hace que la ecuación económica sea cada vez más ajustada.
"La sensación es que nada alcanza"
Abratte comparó el presente con uno de los períodos más difíciles que recuerda la lechería argentina, a fines de los años noventa y comienzos de los 2000.
"La sensación es esa: nada alcanza. Parece que el precio es bueno, pero los números no cierran. Los treinta días llegan rápido y no es fácil producir sobre campo alquilado."
Para explicar la incertidumbre permanente apeló a una imagen sencilla, pero contundente.
"Es como un chico cuando empieza a caminar y le dan una pelota. Cuando la está por agarrar, se la patean para adelante. Esa es la sensación del tambero: cuando parece que la va a agarrar, la pelota siempre se corre."
La tecnología, una meta lejana
Aunque reconoce el avance de la automatización en la lechería mundial, considera que hoy es imposible pensar en incorporar robots de ordeñe.
El establecimiento continúa utilizando una sala tipo espina de pescado instalada en 1996, a la que únicamente le fueron agregando nuevas bajadas.
"No tenemos precio para pensar en un robot. Necesitamos financiamiento a largo plazo, reglas claras y tasas acordes a la rentabilidad. Con intereses del 4 o 5 por ciento mensual es imposible proyectar una tecnificación."
El valor de las personas
Si hay un aspecto del que habla con orgullo es del equipo de trabajo.
Una de las familias lleva 21 años en el establecimiento y otros empleados acumulan 15 y hasta 5 años de antigüedad.
"No estamos acostumbrados a cambiar gente. El capital humano es lo más difícil de conseguir. Si necesitás invertir en algo, se consigue; pero formar y sostener un equipo es mucho más complicado."
Para Mauricio, la permanencia de esas familias es uno de los principales activos de la empresa y una condición indispensable para sostener la actividad.
Un reconocimiento para los caminos rurales
En medio de un panorama complejo, también hubo lugar para destacar un aspecto positivo: el estado de los caminos rurales de la zona de Galisteo.
El productor resaltó el trabajo conjunto entre la comuna y los productores, que permite mantener accesibles los establecimientos incluso en épocas de lluvias, facilitando el ingreso diario de los camiones que retiran la leche.
Una realidad que se repite
Sobre el final de la entrevista, Mauricio dejó una reflexión que trasciende su propio establecimiento.
"Las empresas crecen y está bien que crezcan, pero siento que la balanza nunca fue equitativa. Cuando a una empresa no le cierran los números tiene herramientas para acomodarse. Nosotros no: ya tenemos la producción en marcha y debemos seguir adelante."
Sus palabras sintetizan la situación de numerosos tambos de la cuenca lechera santafesina: empresas familiares que continúan produciendo, generando empleo y apostando por el arraigo, aun cuando la rentabilidad se vuelve cada vez más difícil.
Un testimonio sin estadísticas ni discursos oficiales. La voz de quien todos los días, antes del amanecer, vuelve a entrar al tambo con la esperanza de que, alguna vez, la pelota deje de correrle el arco.




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