
"Los Picco", siete generaciones después: una empresa familiar que aprende a mirar hacia adelante
Radio ADN 97.9 FM - Rafaela“Hay que manejar permanentemente con luz alta y desarrollar un buen olfato”, sostuvo Oscar Picco durante una extensa entrevista con “El Campo No Para”, el programa radial conducido por Maximiliano Luján. Productor, contador y expresidente de la Cooperativa Agrícola Ganadera Guillermo Lehmann, Picco habló desde la experiencia de una familia que lleva más de un siglo vinculada a la producción agropecuaria y que hoy atraviesa un nuevo desafío: la incorporación de la séptima generación.
La historia productiva de los Picco comenzó alrededor de 1880, cuando Alejandro Picco llegó a la zona de Pilar y la colonia Santa María. Desde entonces, varias generaciones continuaron ligadas al trabajo rural.
“Nosotros con mi hermano hoy seguimos conformando a Abelino Picco e Hijos, que es una explotación mixta. Hacemos lechería, algo de carne y granos, y hoy ya están jugando en el equipo hijos y nietos. Así que debemos andar por la séptima generación”, relató.
Más que detenerse exclusivamente en la estructura productiva de la empresa familiar, Picco eligió poner el foco en las variables que, a su entender, hoy obligan al productor a tomar decisiones con mayor información y anticipación.
“Hay que manejar permanentemente con luz alta”
Para Picco, el escenario agropecuario exige una lectura permanente de los mercados y de los costos. La razón está en la fuerte variación de los precios relativos y en la dificultad de proyectar resultados a partir de una sola variable.
“Las características de los ciclos de la economía agropecuaria son muy dispares, el desorden de precios relativos es muy alto”, explicó.
En ese contexto, consideró fundamental que el productor pueda anticiparse a los movimientos del mercado y evaluar permanentemente los caminos posibles.
“Proyectar y definir los caminos que uno va a transitar en una explotación agropecuaria de cualquier tamaño exige manejar permanentemente con luz alta y desarrollar, en todo lo posible, un buen olfato”, señaló.
La reflexión estuvo acompañada por números concretos que muestran cómo pueden cambiar las relaciones económicas dentro de una explotación.
Picco comparó la evolución interanual de distintos componentes del negocio y señaló que, tomando agosto de 2025 contra agosto de 2026, el precio de la leche tuvo un incremento del 13%, mientras que el maíz y la soja utilizados para producirla aumentaron, en promedio, más del 31%. Según sus datos, la soja registró una suba del 40% y el maíz del 23%.
También mencionó aumentos de entre el 35% y el 55% en distintas categorías de hacienda, una variación del 60% en los combustibles, un incremento del 12% en el dólar y del 33% en el índice de precios al consumidor.
“Esta ensalada rusa de números hace que uno tenga resultados por tenencia muy importantes, y esos resultados a veces son ganancias y a veces son pérdidas”, explicó.
El campo también se juega en el momento de decidir
Una de las claves planteadas por Picco fue la necesidad de entender que en el agro no alcanza con producir: también hay que decidir cuándo comprar, vender, cubrirse o esperar.
Al referirse a los granos y la hacienda, destacó que muchas veces las oportunidades pueden ser claras cuando ya pasaron.
“Se suele escuchar en la televisión: con la soja hubo que haber hecho tal cosa. Pero ahora el tren ya pasó”, graficó.
Por eso, insistió en la importancia de desarrollar capacidad de anticipación y utilizar las herramientas disponibles para reducir la exposición a las variaciones de mercado.
“En el olfato y en la vista hay que tener todo lo más afinado posible”, sostuvo.
Para el productor, las herramientas de cobertura disponibles en granos ofrecen posibilidades que deben ser consideradas dentro de una estrategia integral, especialmente en un escenario donde los precios relativos pueden modificar rápidamente la rentabilidad de una actividad.
Capacitarse para producir más y mejor
Con varios tambos dentro de la empresa familiar, Picco también puso la lupa sobre uno de los factores que considera determinantes para mejorar la productividad: la capacitación.
La tecnología está transformando rápidamente la manera de producir y obliga a actualizar conocimientos de manera permanente.
“Ayer usábamos la máquina para sembrar al voleo y hoy podemos usar el dron para sembrar”, ejemplificó.
La transformación no se limita a la maquinaria. También alcanza a la agricultura de precisión, al manejo de los rodeos y, especialmente, al trabajo dentro de los tambos.
“Tenemos agricultura de precisión para el agricultor, tenemos que definir cómo se convierten nuestros alimentos en leche, cómo se convierten en carne”, explicó.
En ese proceso, pequeñas diferencias pueden tener consecuencias importantes sobre el resultado final.
Para Picco, la capacitación debe abarcar a todo el equipo de trabajo y no solamente a quienes toman las decisiones empresariales.
“Capacitar en el más amplio sentido de la palabra para que el equipo de personal que cada establecimiento tiene tenga la capacitación suficiente para aplicar en la empresa donde trabaja y, sin lugar a dudas, también para el desarrollo de su propia vida en la sociedad”, reflexionó.
La tecnología avanza, pero el conocimiento sigue siendo la herramienta central
La incorporación tecnológica aparece así como una oportunidad, pero también como una exigencia.
Las nuevas herramientas pueden permitir medir, automatizar procesos y mejorar la eficiencia, aunque su impacto depende de que quienes las utilizan tengan la preparación necesaria para aprovecharlas.
En una actividad donde los márgenes pueden cambiar por pequeñas diferencias de productividad, la capacitación pasa a ser parte de la estrategia empresarial.
Y esa transformación también atraviesa a las nuevas generaciones.
Cuando los hijos y los nietos empiezan a tomar la posta
Quizás uno de los pasajes más profundos de la entrevista fue el referido al recambio generacional.
Picco reconoció que la empresa familiar atraviesa un momento en el que hijos y nietos ya forman parte activa del negocio. Y eso implica cambiar también la manera de entender el conocimiento y la autoridad dentro de la familia.
“Hoy la familia se tiene que organizar. Es cada vez más importante poder trabajar en equipos que sean coherentes, que tengan vida durante la mayor cantidad de tiempo posible”, señaló.
En ese sentido, mencionó la posibilidad de establecer protocolos familiares que ayuden a ordenar roles, responsabilidades y decisiones.
Pero también dejó una reflexión que trasciende cualquier estructura formal.
“Mirando hacia atrás, ayer la última palabra la tenían nuestros padres, que eran un poco palabra mayor. Y hoy resulta que en muchas cosas para poder manejarnos tenemos que mirar a nuestros hijos y nuestros nietos”, reconoció.
Y lo llevó a su propia experiencia: “Yo tengo nietos que todos los días me solucionan algún problema”.
Para Picco, las nuevas generaciones están incorporando conocimientos en áreas donde los mayores pueden encontrar dificultades, especialmente frente a la velocidad del cambio tecnológico.
“Esto es un indicador irrefutable. Acá tenemos que ajustar las hinchas y evidentemente tienen que entrar a la cancha y jugar cada uno el que tiene mayores aptitudes”, expresó.
La frase sintetiza una de las grandes claves para la continuidad de las empresas familiares: no solamente transmitir el patrimonio, sino también saber transferir responsabilidades y reconocer las capacidades de cada integrante.
Producir un litro de leche: un proceso que empieza mucho antes del tambo
Hacia el final de la entrevista, Maximiliano Luján le pidió a Picco que explicara qué significa realmente producir un litro de leche.
La respuesta permitió dimensionar la extensión del proceso productivo.
“Producir un litro de leche es un camino largo de la producción agropecuaria”, explicó.
Todo comienza con la preñez de una vaca, un proceso que lleva alrededor de nueve meses hasta el nacimiento de la ternera. Luego, esa ternera necesita aproximadamente 15 a 17 meses para llegar al momento de ser preñada. Después de otros nueve meses de gestación, recién con el parto de la vaquillona comienza la producción de leche.
Pero allí tampoco termina el trabajo.
Hay que alimentarla diariamente, cuidar su salud y garantizar las condiciones necesarias para que pueda expresar todo su potencial productivo.
Y allí aparece otro concepto central de la entrevista: el confort animal como factor económico.
“Un mismo animal comiendo exactamente lo mismo, pero con distinto confort animal, con distinto cuidado, con tener una temperatura adecuada, con tener aireación adecuada, con tener sombra, produce seguramente un 10, 15 o 20% más o un 10 o 15% menos”, explicó.
En una actividad de márgenes estrechos, esas diferencias pueden definir el resultado de una empresa.
Una empresa familiar que mira hacia adelante
La conversación entre Maximiliano Luján y Oscar Picco dejó una idea transversal: el futuro de una empresa agropecuaria no depende de una sola variable.
Hay que mirar los precios, los costos, la tecnología, la productividad, el personal, el bienestar animal y las decisiones comerciales. Pero también hay que mirar hacia adentro de la propia familia.
Los Picco llevan varias generaciones atravesando los cambios del sector. Desde aquel primer integrante que llegó a la región hacia 1880 hasta los nietos que hoy comienzan a ocupar nuevos espacios dentro de la empresa, la continuidad no aparece como algo automático.
Se construye.
Y en esa construcción, las palabras de Picco dejan una premisa que resume buena parte de la entrevista: para seguir produciendo hay que aprender a mirar antes, medir mejor y saber cuándo darle lugar a quien viene detrás.
Porque en el campo, como en una empresa familiar, el desafío no es solamente producir hoy.
También es preparar las condiciones para que la próxima generación pueda seguir produciendo mañana.




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