
El tambo resiste, pero pierde: el relato de un productor de la zona con "números en rojo"
Radio ADN 97.9 FM - RafaelaDurante años, Mario Ullrich tuvo su tambo en el periurbano de Rafaela. Allí desarrollaba la actividad hasta que las propias condiciones del sector y las restricciones vinculadas al uso de productos fitosanitarios lo llevaron a buscar una alternativa.
La posibilidad apareció en San Antonio, donde tomó en alquiler un establecimiento y llegó a trabajar con unas 150 vacas sobre 100 hectáreas, todas arrendadas.
Pero el crecimiento esperado no llegó. El contexto económico obligó al productor a achicarse y hoy la realidad es muy diferente a la proyectada.
“Rojo total”, resumió Ullrich en diálogo con Maximiliano Luján, en el programa radial "El Campo No Para", cuando fue consultado sobre los números de su explotación.
“Trabajamos a pérdida”: cuando el tambo empieza a comerse el capital
La frase de Ullrich expone una de las dificultades centrales que atraviesan muchos pequeños productores lecheros: producir no necesariamente significa ganar.
“Los números están en rojo”, reconoció durante la entrevista radial. Y explicó que, frente a la falta de rentabilidad, el productor termina utilizando recursos que anteriormente funcionaban como una reserva para afrontar momentos difíciles.
En su caso, esa reserva está representada por los terneros.
Según explicó, años atrás la venta de terneros permitía generar una suerte de “alcancía” para la empresa. Hoy, en cambio, esos animales deben convertirse en liquidez para cubrir los gastos cotidianos.
“De a poquito veo que nos vamos comiendo el capital”, advirtió.
Actualmente, el establecimiento produce alrededor de 1.000 litros diarios, un volumen que se redujo luego de la venta de vacas que el productor debió realizar para sostener la actividad.
La expectativa está puesta en la reposición de vaquillonas y en recuperar paulatinamente el nivel productivo. Pero, mientras tanto, la ecuación económica sigue siendo adversa.
Un productor chico que intenta sostenerse
Ullrich se define como un productor pequeño. Su historia también refleja la dificultad de quienes buscan permanecer en la actividad pese a un escenario que obliga a tomar decisiones defensivas.
El campo continúa en marcha y existe continuidad generacional, dos elementos que para el productor representan una razón para seguir mirando hacia adelante.
Pero el esfuerzo tiene un límite cuando los ingresos no alcanzan para cubrir los costos.
La consecuencia es una reducción progresiva de la escala: menos vacas, menor producción y utilización del capital para financiar el funcionamiento cotidiano.
El desafío ya no es solamente crecer: es resistir sin perder definitivamente el capital construido durante años.
El otro golpe: entraron al tambo que había dejado en el periurbano
Como si la situación económica no fuera suficiente, el último fin de semana Ullrich sufrió un nuevo golpe, esta vez vinculado a la inseguridad rural.
Las instalaciones del tambo que tuvo durante años en el periurbano de Rafaela habían quedado armadas. La intención era utilizarlas para desarrollar un proyecto de crianza y amanse de vaquillonas.
Sin embargo, durante la noche del viernes ingresaron delincuentes y provocaron importantes daños.
El principal perjuicio no estuvo solamente en el material que pudieron llevarse, sino en la destrucción provocada sobre la infraestructura eléctrica.
Los delincuentes cortaron cables, dañaron tableros y afectaron la instalación vinculada al equipo de frío, un componente de elevado valor dentro de la infraestructura tambera.
“No es solo cable. El daño es porque el equipo de frío es algo caro”, explicó Ullrich.

“Es triste ver que el esfuerzo de muchos años en un momento no queda en nada”
La frase del productor sintetiza el impacto que tiene un hecho de inseguridad sobre una explotación agropecuaria.
Las instalaciones ya no estaban destinadas al ordeñe diario, pero seguían formando parte de un proyecto productivo. Por eso, el robo no representa únicamente una pérdida material: también afecta una inversión construida durante años.
Ullrich realizó la denuncia correspondiente y cuestionó la lentitud del procedimiento.
Según relató, advirtió que algo había ocurrido al regresar de una reunión y observar que el establecimiento había quedado sin energía. Calculó que los daños se produjeron durante un lapso de unas cuatro horas entre sus dos movimientos por la zona.
Sin embargo, para formalizar la denuncia tuvo que esperar hasta la mañana siguiente.
La inseguridad rural, una preocupación que no termina
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una problemática que los productores de la región vienen señalando: la vulnerabilidad de los establecimientos rurales, especialmente aquellos que quedan sin presencia permanente de personas.
En este caso, Ullrich vive en Rafaela y las instalaciones afectadas se encuentran muy próximas a la ciudad. Aun así, la distancia y los tiempos de respuesta fueron suficientes para que los delincuentes pudieran actuar y retirarse.
El productor planteó la necesidad de una respuesta más rápida y efectiva ante este tipo de hechos.
La inseguridad, en definitiva, agrega otro costo a una actividad que ya enfrenta una ecuación económica complicada.
Entre las pérdidas y la decisión de seguir
La historia de Mario Ullrich combina dos caras de una misma realidad productiva.
Por un lado, un tambo que hoy trabaja con números en rojo, reduce su escala, vende vacas y utiliza capital para cubrir los gastos corrientes.
Por otro, un productor que, pese a todo, mantiene el campo en funcionamiento y apuesta a la reposición de vaquillonas para recuperar parte del camino perdido.
Y en paralelo aparece una preocupación que trasciende los números: la necesidad de proteger las instalaciones, las inversiones y el trabajo acumulado durante años.
“Uno siempre mira para adelante”, expresó Ullrich durante la entrevista.
En tiempos en los que sostener un tambo ya implica un esfuerzo enorme, para los pequeños productores la pelea no termina en lograr que la leche alcance para pagar las cuentas. También consiste en preservar el capital, cuidar las instalaciones y encontrar razones para seguir produciendo.




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