
Con el fin de las PASO y un plan para pagar la deuda, Milei prepara el terreno para la batalla por la reelección
Radio ADN 97.9 FM - RafaelaMientras Luis Caputo y Santiago Bausili terminan de definir los detalles del programa financiero con el que el Gobierno buscará despejar las dudas sobre el pago de la deuda hasta fines de 2027, Diego Santilli afrontará esta semana otra negociación igual de decisiva para el futuro de Javier Milei: empezar a construir la mayoría política y las condiciones que el presidente necesitará para intentar la reelección.
Las dos discusiones avanzan en paralelo. Una apunta a convencer a los mercados de que la Argentina podrá cumplir sus compromisos financieros sin sobresaltos durante el próximo año electoral. La otra busca convencer a gobernadores y aliados de acompañar una reforma electoral que elimine o suspenda las PASO y, al mismo tiempo, amplíe la base política del oficialismo.
No son dos agendas independientes. Son los dos pilares sobre los que Milei empezó a preparar el terreno para la elección presidencial de 2027.
Después de un año y medio dedicado casi exclusivamente a estabilizar la economía, bajar la inflación, ordenar las cuentas públicas y sostener un programa de reformas con un Congreso donde nunca tuvo mayoría, el Presidente abrió una nueva etapa de gobierno. El objetivo económico sigue siendo el mismo. Lo que empezó a cambiar es la prioridad política.
Hasta hace pocos meses, la construcción del poder libertario giraba alrededor de una idea: consolidar La Libertad Avanza como una fuerza nacional con identidad propia, aun cuando eso implicara competir contra gobernadores y dirigentes que acompañaban al Gobierno en el Congreso.
La jura de Diego Santilli como jefe de Gabinete dejó la primera imagen de esa nueva etapa. Los trece gobernadores que participaron de la ceremonia en la Casa Rosada no fueron invitados únicamente para respaldar al nuevo funcionario. El Gobierno buscó enviar un mensaje hacia adentro y hacia afuera: el segundo tramo del mandato necesitará más acuerdos políticos que el primero.
La fotografía volverá a repetirse parcialmente esta semana. El miércoles por la noche, Milei viajará junto con su Gabinete a San Miguel de Tucumán para participar de la vigilia por el Día de la Independencia. Varios gobernadores volverán a compartir esa escena con el Presidente, apenas unos días después de la asunción de Santilli. No será una imagen casual. La Casa Rosada quiere consolidar la idea de una nueva etapa en la relación con las provincias.
El cambio no supone abandonar la confrontación que caracterizó buena parte del primer año y medio de gestión. Tampoco implica renunciar a la identidad libertaria. Significa otra cosa: aceptar que un eventual segundo mandato requerirá una mayoría política mucho más amplia que la actual.
Santilli lo resumió con una frase que pronunció en la entrevista que este fin de semana publicó Infobae y que dentro del oficialismo interpretan como una definición de método: “En la etapa que viene, los colores no definen. Lo que va a definir el futuro es si volvemos para atrás o seguimos para adelante”.
La frase tiene destinatarios concretos.
Gobernadores del PRO.
Radicales.
Partidos provinciales.
Y también sectores del peronismo que empezaron a mirar con preocupación la interna abierta entre Axel Kicillof y el kirchnerismo.
La discusión sobre las PASO aparece, justamente, en ese punto.
En la Casa Rosada dejaron de verla como una reforma electoral. La consideran una pieza central de la estrategia para 2027.
La primera razón es parlamentaria.
El Gobierno necesita negociar con gobernadores que hoy concentran buena parte del poder real del Senado.
La Cámara alta dejó de ser solamente el lugar donde se votan las leyes.
Se transformó en el principal ámbito de negociación entre la Casa Rosada y las provincias.
La primera prueba llegará este miércoles.
Victoria Villarruel convocó a una nueva reunión de Labor Parlamentaria en un Senado donde el oficialismo sigue sin controlar los tiempos políticos. La vicepresidenta mantiene una relación distante con Milei y continúa administrando una Cámara en la que los gobernadores demostraron durante las últimas semanas que pueden construir una mayoría capaz de condicionar la agenda oficial.
En el Gobierno ya trabajan con la idea de que será muy difícil avanzar con una sesión. Varios senadores anticiparon que no estarán en Buenos Aires y los proyectos prioritarios volverán a depender, una vez más, del resultado de las negociaciones políticas.
Ese dato explica buena parte del cambio de método.
La muralla que levantaron los gobernadores no puede perforarse únicamente con discursos o confrontación.
Necesita acuerdos.
Y Santilli llegó, precisamente, para abrir esos canales.
Pero la eliminación de las PASO persigue un objetivo todavía más ambicioso.
El destinatario principal de esa decisión no son los gobernadores.
Es el peronismo.
Cristina Kirchner quedó fuera de la competencia electoral después de la condena y de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
Axel Kicillof decidió avanzar con un proyecto presidencial propio.
Máximo Kirchner intenta preservar el liderazgo político de la ex presidenta y la centralidad de La Cámpora.
Mientras tanto, gobernadores, intendentes y otros sectores del PJ observan esa disputa sin terminar de definir quién conducirá el peronismo en la etapa posterior a Cristina.
Las PASO constituyen hoy el único mecanismo institucional capaz de ordenar semejante interna.
Sin primarias, el conflicto quedará trasladado exclusivamente a la negociación política entre los distintos sectores del justicialismo.
En la Casa Rosada están convencidos de que ese escenario favorece al oficialismo.
No solamente porque dificulta la reorganización del principal espacio opositor.
También porque abre una oportunidad para atraer a dirigentes peronistas que ya no se sienten contenidos por la conducción kirchnerista y buscan preservar su poder territorial sin quedar atrapados en una pelea de liderazgo.
Ahí aparece la segunda parte de la negociación.
El Gobierno ya no pretende que todos esos dirigentes se incorporen formalmente a La Libertad Avanza.
La Boleta Única de Papel permite pensar otra ingeniería electoral.
La candidatura presidencial de Milei podría convivir con listas legislativas de gobernadores o fuerzas provinciales que conservarían su propia identidad política.
Es el cambio de método que sintetizó Santilli cuando afirmó que “los colores no definen”.
Pero antes de salir a negociar con gobernadores y dirigentes de otros espacios, Milei decidió ordenar la política propia.
Y ese movimiento empezó mucho antes de que Santilli jurara como jefe de Gabinete.
La decisión de no abrir nuevos frentes internos quedó reflejada en un dato que pasó casi inadvertido fuera del oficialismo, pero que en la Casa Rosada consideran parte de la nueva etapa. Después de las tensiones que dejó la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete en medio de las investigaciones judiciales sobre su situación patrimonial y de las diferencias que provocó la abstención de Patricia Bullrich en la votación del pliego de la jueza María Verónica Michellini, el Gobierno optó por contener antes que confrontar.
Bullrich seguirá participando de la mesa política que volverá a reunirse esta semana y mantendrá actividades con el armado político que conduce Karina Milei en la Ciudad de Buenos Aires. No es un dato menor. Hace apenas unas semanas muchos imaginaban que esas diferencias podían convertirse en una ruptura. Ocurrió exactamente lo contrario. Milei y su hermana resolvieron congelar las disputas internas para no distraer energías en el momento en el que el Gobierno empieza a negociar hacia afuera.
La decisión también ayuda a entender el nuevo reparto de funciones dentro del oficialismo.
Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem siguen concentrando las decisiones políticas. Nadie les disputó ese lugar. Pero la ejecución empezó a distribuirse de otra manera. Santilli quedó a cargo de la negociación política cotidiana; Adrián Ravier asumió la vocería presidencial con una lógica más institucional; Fabián Fernández comenzó a coordinar una estrategia de comunicación orientada a ordenar el mensaje del Gobierno en una etapa menos atravesada por la confrontación permanente y más enfocada en la construcción de acuerdos.
No cambió el centro de gravedad del poder.
Cambió el modo de administrarlo.
La señal más evidente de ese cambio es que el Gobierno ya no discute solamente cómo aprobar una ley o cómo superar la próxima votación en el Congreso. Empieza a discutir cómo construir una mayoría política que sobreviva al mandato actual.
Por eso la semana que comienza tiene una importancia mayor que la de una agenda cargada de actividades oficiales.
El lunes, Caputo y Bausili buscarán responder una pregunta que inevitablemente aparece cuando un gobierno entra en la antesala de un proceso electoral: de dónde saldrán los dólares para afrontar los vencimientos de deuda.
El mensaje está dirigido a los mercados, pero también a la política.
La Argentina atravesó demasiadas campañas presidenciales condicionadas por la incertidumbre económica como para subestimar esa discusión.
La Casa Rosada pretende demostrar que el Estado dispone de un programa financiero capaz de garantizar el cumplimiento de los compromisos asumidos durante lo que resta de este año y durante 2027. El objetivo no consiste únicamente en presentar números. Busca instalar una idea de previsibilidad.
En el Gobierno consideran que esa previsibilidad es un activo político.
La apuesta consiste en llegar a la próxima elección presidencial con una economía creciendo, una inflación estabilizada, una recuperación gradual de los ingresos, creación de empleo privado, un mercado cambiario sin sobresaltos y un esquema de financiamiento que elimine las dudas sobre la deuda.
No es una discusión técnica.
Es la plataforma política sobre la que Milei pretende construir su proyecto de reelección.
Los antecedentes pesan.
Desde 2015 ningún oficialismo consiguió conservar el poder presidencial dentro de su propio espacio político.
El kirchnerismo perdió con Daniel Scioli frente a Mauricio Macri.
Macri no consiguió renovar su mandato frente a Alberto Fernández.
Y el Frente de Todos tampoco logró sostener la Presidencia con Sergio Massa frente a Milei.
Las razones fueron diferentes en cada caso, pero todos esos procesos compartieron un elemento común: la economía terminó condicionando la política.
Milei pretende romper esa secuencia.
Por eso decidió trabajar simultáneamente sobre los dos factores que considera decisivos para llegar competitivo a 2027.
La política.
Y la economía.
Mientras Santilli intenta ampliar la base de sustentación del oficialismo y negociar con gobernadores una salida para las PASO, Caputo busca reducir la incertidumbre financiera que suele reaparecer cuando un gobierno entra en un año electoral.
Las dos tareas están íntimamente vinculadas.
Una economía previsible facilita los acuerdos políticos.
Y una mayoría política más amplia fortalece la credibilidad del programa económico.
La vigilia por el Día de la Independencia en Tucumán volverá a mostrar esa lógica.
Después de la fotografía que dejó la jura de Santilli con trece gobernadores en la Casa Rosada, Milei volverá a compartir una escena con mandatarios provinciales en un momento en el que el Gobierno necesita reconstruir puentes sin resignar liderazgo.
No será una postal inocente.
Será la continuidad de una estrategia que empezó a desplegarse hace pocos días y que busca transmitir que el oficialismo está dispuesto a negociar sin alterar el rumbo.
El Presidente no dejó de confrontar con el kirchnerismo ni abandonó la batalla cultural que convirtió en una marca de su gestión.
Lo que empezó a hacer fue diferenciar a sus adversarios de sus potenciales aliados.
Ese matiz explica buena parte de los movimientos de las últimas semanas.
El Gobierno ya no mira solamente el próximo dato de inflación o la próxima sesión del Congreso.
Empezó a mirar el calendario de 2027.
Y, desde esa perspectiva, cada decisión adquiere otro sentido.
La eliminación de las PASO deja de ser apenas una reforma electoral y se convierte en una herramienta para rediseñar el escenario en el que deberá reorganizarse el peronismo.
La negociación con los gobernadores deja de ser una necesidad parlamentaria y pasa a formar parte de la construcción de una mayoría para un eventual segundo mandato.
La presentación del programa financiero deja de ser un anuncio económico y se transforma en una señal de estabilidad para el año electoral.
Incluso los cambios dentro del propio Gobierno responden a esa lógica.
Santilli, Ravier y Fabián Fernández no llegaron para modificar el rumbo de la administración libertaria. Llegaron para ejecutar una etapa distinta del mismo proyecto político.
Durante el primer año y medio, Milei construyó poder diferenciándose del resto del sistema político.
Ahora empezó a construir poder seleccionando con quiénes está dispuesto a compartir parte de ese camino.
No cambió el objetivo que se fijó el 10 de diciembre de 2023.
Cambió el método con el que pretende alcanzarlo.
Y esa, probablemente, sea la principal novedad política de un Gobierno que ya empezó a preparar el terreno para la elección presidencial de 2027.
Fuente; Infobae.com




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