banner app interiorPNG


Vivió en una estación 20 años y pasará por primera vez Año Nuevo en familia

Jesús Vilchez dormía en José C. Paz, donde lo ayudaban la gente. Gracias a un vecino solidario, encontró a su hijo en un pueblito de Córdoba se reunieron. “Pude conocer a mis nietos”, dice emocionado el abuelo.

Este sábado a la noche, la estación de José C. Paz, como muchos lugares colapsados de tránsito y rutina durante el año, quedará desierta. Algunos pocos vecinos y comerciantes se preguntarán, antes de irse a sus casas, dónde está Jesús, el abuelo que desde hace más de 20 años vivía en el andén, y que recibía la ayuda de los vecinos. Cerca de allí, Matías Orona (21), vecino de Sol y Verde, tendrá divididos los deseos para la hora del brindis entre su familia y un pueblito de Córdoba. Es que el joven vecino logró, a través de las redes sociales, que Jesús se reencontrara con sus hijos en Los Cerrillos, paraje del que se fue en 1996. “Me dijo que quería volver a ver a su familia, y sentí que tenía que hacerlo”, cuenta Matías, todavía emocionado y sorprendido por su objetivo.

Las casualidades en esta historia se hicieron presentes desde el comienzo. Matías, futuro profesor de matemática, tenía un proyecto solidario junto a sus compañeros que no pudo continuar. “Antes de entrar al profesorado nos reuníamos con cinco amigos y hacíamos un merendero ambulante. Lo llevábamos todo al Hospital Mercante, donde conocí a Jesús”, sostiene Matías, quien vive en una casa de Sol y Verde junto a sus papás y cuatro de sus siete hermanos.

El “merendero ambulante” funcionó durante seis meses, hasta que los exámenes y razones personales hicieron que los alumnos no pudieran seguir. “No le dimos un cierre a ese proyecto, lo terminamos muy de golpe. Por eso cuando me crucé a Jesús en la estación y me dijo que quería encontrar a su familia, sentí que podía aportar mi granito de arena”, cuenta el vecino.

Jesús le contó su historia de vida y ahí empezó la búsqueda por Facebook, hace sólo diez días. “Me dijo que vivía en un pueblo que se llamaba Los Cerillos, que había venido a Buenos Aires para trabajar de albañil pero que las cosas no salieron bien y terminó en la calle. Lo conté en una publicación en Facebook. Jesús estaba al tanto de todo, pero no creía que fuera posible encontrar a su familia”, relata Matías reviviendo la adrenalina de aquella búsqueda.

Pocas horas después llegaron los mensajes y las solicitudes de amistad. “Jesús me había dicho que era árbitro y armaba torneos de fútbol en su pueblo, todos lo conocían como ‘sábelotodo’, porque era alguien que, justamente, sabía de todo. La gente empezó a compartir la búsqueda y a agregarme para decirme que muchos lo conocían”, dice Matías.

Una de esas solicitudes era de María Rosa Molina, esposa de Raúl Vilchez (25). El hijo de Jesús. “Me escribió para decirme que su marido había perdido a su papá, que iba a decirle ni bien volviera de trabajar. Yo viajé hasta la estación para contarle a Jesús, él no caía”, agrega.

Matías le llevó un teléfono a la estación para que Jesús pudiera hablar con su hijo. Un día después, Raúl Vilchez estaba en José C. Paz. “Jesús no se quería mover de ahí, esperándolo. Fue una de las cosas más lindas que me pasaron en la vida”, sostiene emocionado. En el reencuentro, Matías recibió a la familia de Jesús en su casa. Después de una visita a la peluquería del barrio, partió a Los Cerrillos.

A diez días del reencuentro, la emoción sigue a flor de piel. “Sabía que estaba vivo pero no sabía por dónde empezar a buscarlo”, cuenta Raúl desde Córdoba, donde el sábado también brindará por su benefactor paceño, Matías, y por todo el tiempo que ya piensa en recuperar. “Cuando me dijeron fue raro. Mi cuñado y su primo se ofrecieron a acompañarme a buscarlo, y fuimos. Yo tenía miedo, no sabía cómo lo iba a encontrar, ahora lo veo contento jugando con sus nietos”.

“Es difícil expresar agradecimiento. Mi vida era muy dura, dormía en un colchón en la estación, a veces sobre un cordón. Ahora estoy contento de poder estar con mi familia, no sé cómo agradecerle a Matías”, dice Jesús, que ya disfruta de sus nietos: Juan Ignacio de 8 y Bryna, de un año.

“Me contó que todo lo que hacía era levantarse y esperar a que pasara el día, pensaba que su vida iba a terminar ahí”, explica Raúl. Y recalca: “Todo se dio por Matías, comimos con su familia. Es difícil encontrar gente así”.

Jesús cambió el colchón de la estación por el abrazo con su hijo y sus nietos. Matías cambió su vida y la de Jesús para siempre. Por eso, el brindis del sábado será especial: un lazo invisible unirá las copas de Sol y Verde y Los Cerrillos.

Fuente: Clarín

Te puede interesar