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Siete cosas para ponernos de acuerdo con el celular

Información General 11/07/2014
¿Quién debe llamar si una llamada se corta?. ¿Cómo no molestar a los demás con los tonos de WhatsApp?. ¿Por qué grabamos videos verticales?. Manual de convivencia.

No hay peor amenaza para la raza humana que un invento tecnológico que se propaga más rápido que el sentido común. Le pasó a la dinamita, que sólo tendría que haberse usado en la industria minera y no para matar humanos, y le ha pasado a la impresora 3-D, que más de un lunático ha utilizado para diseñar un arma que cualquiera puede fabricar en su casa.

Pero como el mundo no vive siempre en momentos tan extremos, las amenazas cotidianas son las más perversas: son las que sientan las bases de algo peor. Por eso, esta pequeña guía sobre cómo estamos usando la tecnología y las redes sociales tiene la esperanza de, al menos, influir un poco para hacer más fácil la convivencia.

1. Si te llaman al celular y se corta la línea, no llames vos de nuevo.

De todas las ignominiosas maneras que el ser humano ha encontrado para perder el tiempo, la más surrealista es la que sucede después de que una llamada telefónica se corte a mitad de conversación.

Lo que sigue entonces es el triste espectáculo de dos adultos que intentan hablar a la vez con el objetivo de poder escuchar al otro. Pasa cuando ambos deciden marcar a toda velocidad al interlocutor para ser, ambos, el primero de retomar la comunicación, que es la mejor forma de que el teléfono de uno esté comunicando cuando el otro está llamando.

Llamar justo después de que llegue el clásico SMS avisando que “el número que ha marcado ya está disponible” es también una muestra de falta de planificación: lo primero que ha hecho la otra persona al colgar ha sido leer el mismo mensaje.

Todo esto se solucionaría si el mundo civilizado se pusiera de acuerdo en una norma básica: el que efectúa la llamada tiene la responsabilidad de llevarla hacia su conclusión. Y el que la recibe, la responsabilidad de contestar el teléfono las veces que haga falta.

2. Tener activado el sonido de WhatsApp no tiene sentido.

Nadie en su sano juicio manda mensajes instantáneos esperando una respuesta inmediata a una cuestión de vida o muerte. Para eso está la función de llamada. Los whatsapps urgentes, por tanto, no existen. Lo que sí existen son los whatsapps numerosos. Los que puede escribir ese usuario que manda un mensaje por cada frase, en lugar de agruparlas todas en un párrafo. O los que puede emitir de ese grupo en el que todo el mundo reacciona a todo a la vez.

Lo peor sin duda es que el entorno de uno tenga que sobrellevar el odioso tono que acompaña a cada uno de los mensajes, fotos y reacciones. Pueden ser docenas y suelen venir seguidos.

Así que no pasa nada por quitarle el sonido a la aplicación en general (Ajustes, Notificaciones): si no uno no puede contestar en ese momento no le sirve de nada enterarse que le están llegando mensajes. Y que le estén llegando no es culpa del que esté sentado a su lado en el trabajo, el colectivo o el restaurante.

3. Hay muy poca gente en el mundo capaz de poner más de cinco “hashtags” en una foto de Instagram y salir airoso.

El resto, generalmente, queda condenado a parecer un pasajero solitario e inerte en ese aciago viaje que es su vida. Sí, la existencia es caleidoscópica y un paisaje urbano se puede ver tanto como #madrid o como #mihogar u #odioloslunes, por poner tres ejemplos.

Pero la fotografía consiste, precisamente, en seleccionar un punto de vista y ceñirse a él. Tiene que haber uno para dominar a todos.

Todo lo demás es perder el tiempo.

4. Los videos grabados con el celular deben ser horizontales, no verticales.

El ser humano ve la vida en formato panorámico. De ahí que tenga los ojos uno al lado del otro y no uno encima del otro. Si todo el mundo es capaz de aceptar esta realidad.

 

Si la relación entre una imagen en movimiento y nuestra visión es así de simple; si nadie ha lamentado jamás la falta de pantallas de cine verticales, ¿por qué entonces hay en YouTube tantos videos grabados con el celular en posición vertical en los que 67 por ciento de la imagen son dos odiosas barras a los lados y 33 por ciento, un atisbo de algo borroso que aparentemente fue grabado durante un terremoto?

5. Las aplicaciones que miden el número de seguidores de tu cuenta y te avisan quién te deja de seguir no tienen ningún sentido.

De hecho, son la causa de que mucha gente te deje de seguir. No hay por qué controlar a tus seguidores.

6. Ya no hace falta llamar “selfie” a una “selfie”. Ni hay por qué justificarlo.

El auge del término selfie, que explotó cuando Obama se hizo aquel autorretrato en el funeral de Nelson Mandela, siempre tuvo doble significado. Por un lado valía para describir la tendencia del usuario medio de smartphone a hacerse fotos a sí mismo para publicar en redes sociales. Pero por el otro siempre pareció justificar la vergüenza del narcisismo que conlleva el gesto.

Sería interesante superar esa fase de descubrimiento, aceptar que las selfies están para quedarse y, sobre todo, que a casi nadie le importa un cuerno cómo se hizo una foto.

Si no hay un “novie” para las fotos hechas por el novio, ni un “cuñadie”, ni un “mimejoramigalamonie”, el que el autor de la foto sea uno mismo no tiene tanto interés como lo que se ve en ella.

7. Lo de los pies ante un paisaje veraniego podría extinguirse.

No lo hará, y es algo que tenemos que aceptar. Pero debería.

Fuente: El País, de Madrid.

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